La sexta entrega responde a la pregunta que decide la viabilidad económica de los agentes: ¿por qué debería costar menos un ciclo agéntico en cada ejecución? La respuesta de Williams es que no lo hace, espontáneamente. Sin un mecanismo deliberado para capturar e institucionalizar lecciones, los agentes no ofrecen ninguna ventaja acumulativa — reinician desde cero conocimiento en cada ciclo. El componente que cambia esto es la fase P7, Distill.
Distill tiene dos mitades. La primera es la simplificación. Contraintuitivamente, la revisión arquitectónica y la deduplicación deberían ocurrir después de la fusión, no antes. Deduplicar antes de que el código exista es especulativo; deduplicar después se dirige a patrones que son realmente observables. Los tests, ya implementados, garantizan la preservación del comportamiento durante esta limpieza, lo que permite que modelos menos capaces — y por tanto más baratos — participen sin riesgo.
La segunda mitad es la minería de lecciones, organizada como una "fundición de lecciones". Esta fundición convierte los hallazgos recurrentes en defensas permanentes: los problemas deterministas se convierten en reglas de lint emparejadas con tests; los patrones contextuales alimentan un pipeline de minería de skills; las brechas de especificación desencadenan nuevas preguntas en la fase de interrogación. La economía subyacente es decisiva: cada lección se paga una sola vez y luego se degrada de una detección probabilística costosa a una prevención determinista gratuita.
Williams identifica dos enemigos de la ganancia compuesta. Primero, la degradación de skills ("skill rot"): los artefactos obsoletos entregan información errónea con autoridad; la contramedida es un pase de verificación semanal que extrae afirmaciones comprobables (comandos, rutas, versiones) y señala su vigencia. Segundo, el trinquete de modelos ("model ratchet"): después de cada lanzamiento, reauditar el código existente con modelos de frontera para detectar lo que las versiones anteriores no habían captado — un trinquete que no permite retroceso.
La entrega culmina en la unidad de cuenta correcta. En lugar de rastrear tokens por desarrollador, los programas exitosos miden el coste por cambio fusionado y verificado. Este replanteamiento transforma la manera de leer el gasto: los costes de la fase de prosecución no son un despilfarro, sino una inversión. Cuatro indicadores revelan un ciclo roto: el gasto concentrado en la fase Build señala skills faltantes; una prosecución cada vez más costosa señala lecciones que nunca fueron repatriadas; los golpes repetidos contra el límite de iteraciones señalan especificaciones débiles; y una trayectoria de coste plana señala un fallo del sistema. La tesis se resume en pocas palabras: "un coste plano es un fracaso". Un sistema sano ve su coste por cambio disminuir de forma medible a medida que se acumulan skills y se espesan las capas de lint.