El 16 de octubre de 2026, Arthur Mensch, cofundador y CEO de Mistral AI, publica en X un artículo titulado "Build or surrender". En él, cuestiona una idea que, según afirma, está muy extendida en Europa: dejar los modelos de IA de frontera a los estadounidenses y a los chinos. Sus defensores, a quienes describe como serios, sostienen que un modelo de frontera cuesta cientos de millones de euros por generación, pronto miles de millones, y que sería mejor seguir el manual del internet, donde el valor se creó en las aplicaciones, apostando por los datos industriales, las pymes y la experiencia sectorial, y apoyándose en modelos abiertos publicados por otros.
Para el autor, se trata de un error fundamental que encerraría a Europa en un régimen de dependencia económica sin precedentes. El precedente de la nube lo ilustra: Europa desarrolló las aplicaciones y dejó las plataformas a otros; veinte años después, sus empresas pagan más de 260.000 millones de euros al año a los proveedores estadounidenses de nube y software.
La IA difiere de internet, que se apoyaba en protocolos abiertos sin propietario. Un modelo cerrado tiene un propietario que decide lo que pueden hacer las aplicaciones y agentes construidos sobre él: cambia los precios, restringe los usos, retira una versión. El riesgo no es teórico: en junio, un laboratorio estadounidense suspendió el acceso a sus modelos más avanzados, antes de restablecerlo, sin que Europa fuera consultada.
Los modelos abiertos solo resuelven el problema en parte. Pueden descargarse, alojarse de forma autónoma y auditarse, pero sin contribuir al ecosistema, no se elige ni qué se publica, ni cuándo, ni bajo qué licencia. Construir sistemas de frontera se convierte en una cuestión de seguridad: los modelos desempeñan un papel central en la ciberdefensa y en la protección de infraestructuras críticas, y un Estado debe poder auditarlos, adaptarlos y tener la certeza de poder acceder a ellos en el futuro. La investigación fundamental también se ve afectada: estos modelos se están volviendo indispensables para la ciencia, algunos están reservados a un puñado de empresas, y el uso de la IA para la investigación en IA crea efectos de umbral.
Enfrentar la investigación de frontera al despliegue industrial sería, por tanto, una trampa: para los usos más exigentes, dominar el modelo es un requisito previo. Europa tiene los medios para hacerlo, según el autor: Black Forest Labs y ElevenLabs dominan su categoría, y Mistral, con menos recursos, entrena modelos de razonamiento entre los mejores modelos abiertos. La empresa multiplicará por seis su capacidad de cómputo y realizará una ronda de financiación.
Por último, pide romper con el pesimismo, un relato que conviene a quienes van a la cabeza. De lo contrario, Europa solo tendrá acceso a versiones de exportación de segunda categoría, a cambio de regalías que ascenderán a billones de euros.