Sumeet Gayathri Moghe, responsable global de cultura y diseño organizativo en Thoughtworks, abre una serie en martinfowler.com titulada «Never Send The Slides» con un artículo que plantea la pregunta previa: ¿realmente necesita una presentación? Comienza separando dos cosas que el uso confunde — el archivo y el acto. Una presentación, escribe, es un acto de narración en el que un presentador orquesta narrativa, ritmo y emoción para crear un significado que ni las imágenes ni los documentos pueden lograr por sí solos. El corolario es tajante: las diapositivas no son la presentación. Puesto que una presentación es una herramienta de influencia poderosa, se aprovecha mejor reservándola para los momentos que la justifican.

Lo que sigue es una escala de cinco artefactos, resumida al final del artículo en una tabla. La regla por defecto es el documento lineal: en la mayoría de las situaciones empresariales, el único objetivo es transmitir información, y el slideware usado como formato documental obliga a una lectura fragmentada. Un documento bien estructurado — encabezados, párrafos cortos, listas, tablas, diagramas — permite al lector construir su propia comprensión, y su explicitud reduce el riesgo de alucinación cuando un LLM lo resume. Las herramientas de escritura permiten codificar un estilo y un nivel de legibilidad determinados, del mismo modo que un plugin de IDE asiste a un desarrollador.

una presentación es un acto de narración en el que el presentador orquesta narrativa, ritmo y emoción para crear un significado que ni las imágenes ni los documentos pueden lograr por sí solos

— Sumeet Gayathri Moghe , martinfowler.com

Segundo nivel, el infodeck — el término es de Martin Fowler: un documento maquetado en una interfaz de diapositivas, pensado para una lectura ligera, que no es ni un slideument ni un deck de presentación. Su atractivo radica en la accesibilidad de la herramienta para cualquiera que no domine InDesign; el coste real es el diseño, cuya escasez explica por qué la mayoría de los infodecks fracasan. Tercer nivel, Applications web interactives: los coding harnesses surgidos en el último año las ponen al alcance de quienes no son desarrolladores, y la interactividad sirve para gestionar la carga cognitiva del lector. Su inconveniente es la falta de comentarios en línea, además del alojamiento y una vida útil incierta.

Cuarto nivel, la grabación. Un monólogo sin imágenes a veces basta; grabar obliga a la concisión, permite a la audiencia elegir su propio ritmo, y gana subtítulos y capitulado. Moghe advierte que el ritmo de un video no es el de una sala — 129 builds en ocho minutos, 141 en veinticuatro — sin convertir eso en una regla. Su conclusión: la mayoría de las presentaciones estarían mejor como grabaciones. Queda lo presencial, reservado para los momentos en que la presencia sincrónica sirve para influir y responder a objeciones, y que merecen el coste de coordinación que imponen a todos.